Todos somos iguales,….. pero unos más que otros

Interior del avión en el que ha sido evacuado el sacerdote Miguel Pajares de Liberia (ABC)

Interior del avión en el que ha sido evacuado el sacerdote Miguel Pajares de Liberia (ABC)

El sacerdote español Miguel Pajares y la hermana Juliana ya se encuentran en el Carlos III de Madrid. Pero no es de esto de lo que va esta reflexión. A fin de cuentas no soy juez sino un humilde opinador.

Esto va de mundos. Más exactamente de la enorme brecha que separa el primer del tercer mundo.

Hace unas semanas que venimos asistiendo a un enorme despliegue mediático sobre el brote de ébola en África. Una creciente alarma sobre esta enfermedad ¿inventada? que vuelve a aparecer en el continente africano.

Toda esta avalancha de información (¿desinformación?) ha llegado a sorprenderme un poco. ¿A qué viene tanto revuelo?. Evidentemente se trata de algo grave, pero ¿para tanto?. Acabo de consultar los últimos datos de la OMS antes de sentarme a escribir esto, y esta organización eleva a 887 los muertos por ébola en África occidental. Urgando en los mismos informes de la OMS, resulta que al año se dan 650.000 muertes por paludismo; 30.000 por fiebre amarilla; entre 500.000 y 1.000.000 por ¡»FIEBRE COMÚN»!; no sigo con viruela, sarampión, varicela, etc., etc…. por no cansar. ¿Dónde está pues la diferencia?.

Mi analista de cabecera me susurró al oído un razonamiento que se me antoja demoledor. No se trataría de una enorme preocupación por los pobrecitos negros de África que están cayendo como chinches, es evidente, sino de que esas otras enfermedades que devastan África, India, América Latina, … en el primer mundo se previenen o curan con un pinchazo, mientras que el ébola, de momento, no tiene cura…. en el primer mundo. Ya pasó con el SIDA, que tampoco distingue entre negros o blancos; ricos o pobres. En sus primeros compases, derroche de medios, protocolos, alarmas… Una vez controlado en el primer mundo, que les den a los negritos africanos.

Tambén resulta curioso, al menos para mí, algo dado a la conspiranoia, que todo esto coincida con la aparición de un suero experimental (o más de uno) que podría paliar los estragos de esta enfermedad. Dos americanos y dos españoles bien pudieran ser la excusa perfecta para comenzar. «Acuérdate del Maine» como diría el otro. Esta mañana se comentaba en las noticias que los especialistas en la materia (entiendo que la industria farmacéutica) se ponen las pilas para producir en cantidad uno de estos sueros. No me extrañaría que en fechas próximas asistiéramos a un derroche informativo sobre la generosidad y solidaridad de occidente distribuyendo graciosamente estos fármacos a los negritos, involuntarios conejillos de indias. Y de tener éxito el tratamiento, volveremos a empezar. Y volverán a morir de ébola, mientras en el primer mundo continuaremos viviendo tranquilos con una vacuna más en el botiquín del baño.

Hasta que a los que sean se les ocurra inventar otra enfermedad, para luego desarrollar la cura y terminar haciendo caja. Iba a decir, para terminar, que Dios ampare a los negritos, pero está visto que, llegado el momento, hasta Dios, o sus emisarios, los abandonan a su suerte.