Y a pesar de todo, amanece

Amanece un día nuevo en La Isla

Amanece un día nuevo en La Isla

Hace mucho, mucho, que no escribo nada en este blog. Mi tarea en La Espuma de los días se lleva todo mi tiempo creativo, pero hoy no me he podido aguantar.

Ayer desayunaba en el bar de mi amigo Paco, Bar Moreno, sonriendo como un imbécil frente al ante una foto de Diario de Cádiz en la que se ve a mi Ex-Alcalde, José Loaiza, lamentándose de que los rojos hayan propiciado que gobierne la lista más votada, a la vez que en el artículo que ilustra se cita a la Vicepresidenta Soraya recriminando al PSOE que no respete la lista más votada en Madrid.

Luego me acerqué a la Residencia de San José dando un largo paseo sin ver a los Grises aporreando homossexuales, iglesias en llamas, ni curas o monjas perseguidos, no he visto banderas ardiendo ni hoces ni martillos por doquier. He visto la misma ciudad de siempre. Tranquila, desperezándose pausadamente. La puerta de la Igesia Mayor abarrotándose de niños de primera comunión y sus familias. Con la Plaza del Rey, incluído Varela que aún se mantiene sobre el caballo, oliendo a café con Churros. Incluso por la tarde tarde, que salí a tomar un poco el aire, me topé con una, otra, procesión de Corpus recorriendo, fuera de fecha y de contexto, las calles del barrio de La Pastora en plena tranquilidad, normalidad y olor de multitud.

Hoy he vuelto a salir temprano. Me gusta madrugar y ver como el barrio se va desperezando. Una suave y refrescante llovizna saluda un día normal que se va colando de contrabando, un día como cualquier otro, o casi, porque las caras y gestos de Rista Barberá, Teófila Martínez, José Loaiza, Esperanza Aguirre, Zoido, y tantos otros, no tienen precio. Siento una sutil satisfacción, un cierto regustillo, ¿Por el PSOE?¿Por Podemos?. No me gustan ninguno de los dos. En el caso de Podemos quienes no me gustan son Pablo Iglesias y sus conmilitotes de la casta universitaria, otra cosa son los círculos y las bases a las que, con pesar, auguro un triste desengaño más pronto que tarde, no más allá de fin de año. No, me alegro porque amanece un día tranquilo, sosegado, en el que ha terminado la expropiación de la política a los ciudadanos. Me alegro porque han sido muchos los días, durante muchos años, los que he pasado malhumorado, cabreado, indignado, sintiéndome impotente y ahora les toca a ellos. Ahora les toca a quienes con sus actitudes están demostrando su talante… y su talento, a los que no saben perder ni supieron ganar.

No me llamo a engaño. Se ha llevado un varapalo el PP y se ha tambaleado el PSOE, pero a quienes manejan lo hilos y administran sus intereses todo esto se la trae al pairo. No acabará la crisis (no puede acabar lo que nunca empezó), no desaparecerá el paro y pronto volveremos a sacar los monos a las calles. Pero por un día el despotismo ilustrado, el “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, ha quedado en suspenso, se respira aire limpio y fresco y un pequeño resquicio de esperanza se abre en el muro del totalitarismo de los psicópatas del pensamiento único que nos venían desgobernando.

Lo que parecía impensable hace unos años ha tomado cuerpo. A pesar de una legislación electoral hecha a medida de los dos grandes partidos y los mercenarios nacionalistas para asegurar su hegemonía y alternancia, la ciudadanía ha hecho trizas sus sombrajos a pesar de sus profecías apocalípticas. Van a tener que bajar de la jaca postinera y echar pie a tierra, mal que les pese. Van a tener que escuchar a la calle y negociar, porque las calles han entrado en los salones de pleno. No tiro las campanas al vuelo. Hace tiempo que perdimos, si alguna vez la tuvimos, la soberanía. Por mucha roja y gualda, mucho himno y mucho gol de Iniesta que enarbolen cercanos al paroxismo, la Troika, el FMI, el Deutsche Bank, están ahí, ojo avizor y las riendas a punto, pero al menos nos hemos deshecho de la mordaza. Al menos en mi pueblo, mi voz junto con otras muchas voces va a sonar más clara, más cerca de quien decide, de quien manda. Y así voz a voz, pueblo a pueblo. Ya es algo. Es un comienzo, un primer paso en una nueva etapa que quizá sea la que nos lleve a ese día soñado por Labordeta en que “…tu gesto de siempre caerá sin levantar huracanes de miedo ante la libertad”. En cualquier caso, nadie me quitará la satisfacción por el espectáculo de ira, desolación, mosqueo, desconcierto, etc. etc. etc. de quienes se creían inmunes y sus leales voceros.

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